La primera reunión del club de lectura de Los Libros Dorados debía servir para hablar de libros, compartir impresiones y devolver algo de vida a la librería de Elena. Sin embargo, la conversación queda interrumpida por un invitado incapaz de respetar el turno de palabra: el cadáver de un periodista estadounidense.

Lo que parece un ataque de asma pronto se revela como un asesinato. Y, en Montealto, un tranquilo pueblo cercano a Valladolid, no hace falta buscar demasiado lejos a los sospechosos. Los secretos circulan con rapidez, los rencores llevan años acumulando polvo y casi todos tienen algún motivo para preferir que el pasado permanezca enterrado.

En Muerte en el club de lectura de Ana González Duque, Elena tendrá que recomponer el puzle con la ayuda del escritor Horacio León y de un gato negro, que, como buen felino literario, probablemente sepa más de lo que está dispuesto a contar. Mientras avanza la investigación, las fachadas impecables comienzan a agrietarse y los miembros del club descubren que compartir lecturas no significa compartir la verdad.

La novela reúne algunos de los ingredientes más atractivos del cozy crime: un pueblo donde todos se conocen, una librería convertida en escenario del crimen, una investigación llena de sospechas y una protagonista aficionada obligada a mirar a sus vecinos con otros ojos. Todo ello con el sabor de los misterios clásicos de Agatha Christie y una pregunta que invita a seguir leyendo: ¿qué lector nunca debió entrar en Los Libros Dorados?

Ana González Duque conoce bien los clubes de lectura: coordina Lectoria, uno de los clubes virtuales con más lectores de España. También está detrás de Marketing Online Para Escritores, del blog El fogón y del pódcast El Escritor Emprendedor. Antes de dedicarse por completo a la ficción, trabajaba como anestesióloga o, como ella misma explica, «durmiendo gente». En 2017 colgó la bata para centrarse en la escritura y en ayudar a otros autores a vivir de sus libros. 

Esta vez ha decidido reunir sus dos mundos —los escritores y los lectores— para encerrarlos en una librería con un asesino. Una elección poco recomendable para los habitantes de Montealto, pero irresistible para quienes disfrutan de intentar resolver un crimen antes que sus protagonistas.

Muerte en el club de lectura ya está en librerías. Conviene acercarse a Los Libros Dorados con los ojos bien abiertos: en este club, comentar la lectura es opcional, salir con vida, no tanto.

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