Cuando leí esta nueva novela juvenil de Francesc, pensé en su recorrido como autor dentro de este género y, como siempre, es coherente con quien es él. No sabía qué significaba Bosquimano, un título difícil de recordar al principio, pero que cobra todo el sentido cuando lees esta novela tan especial.
Representa un ideal de vida salvaje y autosuficiente. El protagonista utiliza la palabra bosquimano para imaginarse a sí mismo como alguien capaz de vivir del bosque, sin depender del mundo exterior, guiándose solo por sus manos y su ingenio. Es una metáfora de libertad. Forma parte de una aventura adolescente, pero también de ese deseo que muchos adultos hemos sentido alguna vez: el de descubrir quiénes somos y saciar la necesidad de identidad y autodescubrimiento y de reconectar con la naturaleza. Una novela juvenil que recomiendo para todos los públicos.
El mundo se vuelve a cerrar. Las normas regresan. El miedo se filtra en las conversaciones cotidianas. Y, justo en ese momento, dos adolescentes deciden hacer lo contrario de lo que dicta la lógica: salir corriendo hacia el bosque.
Así arranca El bosquimano, una novela que no se conforma con contar una aventura, sino que plantea una huida física como antesala de una huida interior. Porque no se trata solo de sobrevivir entre árboles y silencios, sino de descubrir quién eres cuando todo lo conocido desaparece.
Toni vive en un pequeño pueblo del Montseny y siempre ha sentido una atracción casi magnética por el bosque cercano. Cuando la amenaza de un nuevo confinamiento se cierne sobre sus vidas, arrastra a Miguel, su mejor amigo, a una decisión tan impulsiva como reveladora: escapar y vivir como auténticos hombres del bosque.
Sin tecnología. Sin adultos. Sin red de seguridad. Solo sacos de dormir, navajas, manos jóvenes y una idea romántica de la libertad.
Muy pronto, el bosque deja de ser un refugio idealizado y se convierte en un territorio que pone a prueba el cuerpo, la amistad y las certezas. El hambre, el miedo y los errores comienzan a aflorar. Y entonces llega el giro: Toni descubre que no están solos. Que alguien más se oculta entre los árboles. Y ese encuentro lo obligará a enfrentarse a algo mucho más incómodo que el peligro exterior: su propia esencia.
El bosquimano combina ritmo, tensión y emoción con una mirada profunda sobre la identidad, la amistad y el paso hacia la madurez. Es una historia de supervivencia, pero también de revelaciones. De esas que llegan cuando ya no puedes seguir huyendo y te ves obligado a mirarte de frente.
Francesc Miralles, con una larga trayectoria como especialista en psicología y espiritualidad y autor traducido a más de sesenta idiomas, vuelve a demostrar su habilidad para conectar con los grandes conflictos interiores desde historias aparentemente sencillas. Su experiencia divulgando conceptos como el ikigai se filtra aquí de forma sutil, sin discursos explícitos, dejando que sea la propia narración la que haga las preguntas importantes.
Este libro no habla solo a lectores jóvenes. Habla a cualquiera que haya sentido alguna vez el impulso de desaparecer del mapa, de empezar de cero, de comprobar quién sería si todo lo conocido se apagara de golpe.
El bosquimano es una invitación a internarse en el bosque, sí, pero sobre todo a adentrarse en ese territorio incómodo y necesario donde se define quiénes somos de verdad. Un viaje que engancha, sacude y deja poso.
