Este blog es especial para mí, y muy sincero, porque vuelve el Alejandro Palomas en mayúsculas. Alejandro es un mago de las palabras, y con esta novela cada detalle cuenta. La forma en que narra esta historia es realidad en estado puro disfrazada de encanto. Me enamoré de este libro y le dije a Alejandro: «Esto es un pequeño tesoro que compartiremos con tus lectores más fieles, eres tú en esencia pura, pero espero que los que aún no te hayan leído te descubran con esta auténtica maravilla».
Mika tiene siete años y acaba de descubrir que una familia puede dividirse en dos casas sin que nadie le explique cómo debe vivir a partir de ahora. Sus padres se han separado y ella intenta ordenar un cambio demasiado grande con preguntas que los adultos no siempre saben responder. Quien mejor comprende su desconcierto es su abuelo Tadeo.
Juntos emprenden un proyecto insólito: transformar el patio en un bosque. Plantan árboles, les ponen nombres y crean un lugar en el que la abuela Celia continúa presente. Lo que comienza como una aventura compartida se convierte en una forma de hablar sobre la ausencia, el miedo y todo aquello que no podemos controlar.
En Casa, Alejandro Palomas vuelve a mirar el mundo desde la infancia sin simplificar sus emociones. Mika observa, pregunta y extrae sus propias conclusiones mientras aprende que perder algo no significa necesariamente quedarse sin ello para siempre. La relación entre la niña y su abuelo sostiene una historia sobre el amor entre generaciones y la huella que dejamos en quienes nos quieren.
La belleza de la novela se encuentra en sus gestos más pequeños: plantar un árbol, compartir un silencio, recordar a alguien sin convertir su ausencia en el centro de todo. En esta historia, el autor vuelve a encontrar magia en lo cotidiano y convierte un patio en un espacio donde reconstruirse.
Alejandro Palomas es autor de obras como El tiempo que nos une, Una madre, Un perro, Un amor, Una vida y Un hijo, galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Su obra, traducida a más de veinticinco lenguas, se caracteriza por su sensibilidad al retratar los vínculos familiares, la pérdida y las emociones que a menudo permanecen sin nombre.
Casa ya está en librerías. Una lectura delicada y luminosa para quienes saben que hay historias que no hablan de lo que pasa, sino de lo que permanece. Y hay cosas que, aunque no las veamos, siguen ahí.
