Nadie está preparado para despedir a un hijo. No existe una colección de palabras capaz de reparar una ausencia así ni una explicación que consiga mitigar un dolor que desafía cualquier lógica. Y, aun así, hay personas que encuentran la fuerza para escribir desde ese lugar imposible y tender la mano a quienes un día recorrerán el mismo camino.
A vivir lo aprendí de ti de Xènia Cid nace precisamente de ahí. No es una historia inventada para emocionar, sino una verdad escrita desde la experiencia más dura que puede atravesar una madre.
Arnau tenía solo nueve años cuando falleció tras una larga lucha contra una enfermedad rara, la anemia de Fanconi. La devastación fue absoluta. Sin embargo, con el paso del tiempo, Xènia Cid encontró en la escritura una manera de rescatar todo aquello que su hijo había dejado en quienes le rodeaban. Porque algunas personas viven poco tiempo, pero dejan una huella que transforma para siempre la vida de los demás.
En A vivir lo aprendí de ti, la autora comparte ese aprendizaje con una honestidad desarmante. Tiende la mano a quienes también han conocido la pérdida y les recuerda que incluso en medio del vacío puede seguir existiendo el amor, la memoria y la esperanza.
Es un libro que acompaña sin imponer, que sostiene sin juzgar y que encuentra luz allí donde parecía imposible volver a verla. Sus páginas hablan del dolor, de la gratitud, de la fortaleza y de la capacidad profundamente humana de seguir adelante llevando a quienes ya no están de una manera distinta.
No es casual que la escritura ocupe un lugar tan importante en la vida de Xènia Cid. Antes de esta obra publicó el cuento infantil «Arnau tiene una enfermedad escondida», inspirado en la experiencia de su hijo, con el objetivo de ayudar a otras familias a explicar la enfermedad a los más pequeños. Después de su pérdida, escribir dejó de ser únicamente una forma de contar historias para convertirse en un refugio y en una manera de mantener viva su voz.
Hoy, además, acompaña a personas que atraviesan procesos de duelo, especialmente a madres que han perdido a sus hijos. Esa experiencia también impregna cada página de A vivir lo aprendí de ti y la dota de una sensibilidad que solo puede surgir de quien habla desde la experiencia y no desde la teoría.
En lo personal, conocer a Xènia me conmovió y quise ayudarla a que cumpliera este sueño desde el inicio. Muchos de los editores que leéis este blog tenéis hijos y sabéis que nunca creéis que algo así os pueda suceder a vosotros. Pero leer esta historia te hace más humano y te ayuda a empatizar con aquellos que están sufriendo. Xènia no pretende ser escritora, solo quiere ayudar a los que están atravesando el duelo de un hijo, que creo que es uno de los más duros que uno puede vivir. Gracias, Xènia, por ser tan generosa.
Si buscas una lectura que emocione sin artificios y permanezca contigo mucho después de cerrar la última página, A vivir lo aprendí de ti merece un lugar entre tus próximas lecturas.
