No todo lo que sentimos nos conviene. Y precisamente ahí es donde entra La trampa de la emoción, un ensayo que busca sacudir ciertas ideas que hemos dado por buenas durante demasiado tiempo.

En sus páginas, Núria Martín Muyo pone el foco en un fenómeno que todos hemos normalizado: esa invitación constante a «sentir más y pensar menos». Lo que plantea es claro y, a la vez, provocador: cuando convertimos la emoción en brújula única, perdemos capacidad de análisis, de decisión y, en última instancia, de libertad. Porque no, no todo lo que sentimos es verdad. Y no todo lo que nos emociona nos hace bien.

A través de la neurociencia, el libro explica cómo funciona realmente nuestro cerebro cuando dejamos que la emoción tome el mando sin pasar por el filtro de la razón. La corteza prefrontal —clave en la planificación, el pensamiento crítico y el control de impulsos— se debilita, y eso nos vuelve más vulnerables a la manipulación, al ruido externo y a decisiones que no siempre juegan a nuestro favor.

Pero lo interesante de La trampa de la emoción no es solo lo que cuestiona, sino lo que propone. Recuperar el equilibrio entre sentir y pensar. Volver a un punto donde la emoción no desaparezca, pero tampoco lo invada todo. Donde podamos observar lo que sentimos sin convertirlo automáticamente en una orden.

La trayectoria de Núria Martín Muyo respalda este enfoque. Ingeniera de formación, con más de una década investigando en neurociencia y psicobiología aplicada, ha construido un discurso que une rigor y aplicación práctica. Escribe desde la experiencia de trabajar con personas, equipos y procesos reales, donde entender cómo pensamos y sentimos marca la diferencia.

Si te interesa comprender mejor por qué reaccionas como reaccionas, por qué a veces decides en contra de ti misma o cómo recuperar claridad en medio del ruido emocional, este libro merece un hueco entre tus lecturas de este verano. Porque pensar también es una forma de cuidarse. Y quizá una de las más urgentes ahora mismo.

la trampa de la emoción de Núria Martín Muyo